La escultura sigue una composición basada en el contrapposto clásico (el peso apoyado en una pierna mientras la otra se relaja), un recurso del Renacimiento italiano.
Las proporciones del torso, el modelado suave de los pectorales y la pelvis responden a un estudio de la anatomía clásica que se introdujo en España a través de escultores manieristas de finales del siglo XVI.
La morfología general de la figura, el rostro y el contrapposto recuerdan al taller sevillano de Juan Martínez Montañés y Juan de Mesa, pero se observan algunas peculiaridades más arcaicas. El cabello y el tupé abultado de rizos amplios hasta el cuello representan una geometría del cabello más próxima a las formas renacentistas. Además, observando con detalle es posible ver restos antiguos de pan de oro en el cabello, y son originales, algó común en el renacimiento. También podemos observar una nariz recta menos aniñada y corta que las habituales del Niño Jesús del barroco.
Este Niño Jesús conecta directamente con la estética del Renacimiento tardío o con talleres que mantenían viva la tradición escultórica del siglo XVI. La pieza
se esculpió en un taller o por un maestro que todavía arrastraba las técnicas del Renacimiento frente al realismo grácil que imperaría más tarde en el siglo XVII sevillano en este tipo de figuras.
Podríamos estar ante una obra renacentista del círculo de Gerónimo Hernández o su discípulo Gaspar Nuñez Delgado, precursores de la escuela barroca sevillana. Ambos tienen varias representaciones del Niño Jesús en brazos de su madre con estos rizos característicos, luego heredados por escultores del barroco sevillano como Fernández Montañés y Juan de Mesa.


















